Las clamidias son un grupo peculiar de bacterias, cuyo ciclo vital transcurre, en parte, en el interior de las células. Tienen la propiedad de adherirse a determinados epitelios, donde pueden acabar produciendo infecciones.
En la actualidad, se encuentran cuatro especies del género Chlamydia:
C. trachomatis, C. psittaci, C. pecorum y C. pneumoniae. La especie
C. psittaci es principalmente un patógeno animal; su reservorio son las aves y su mecanismo de transmisión es por contacto directo, inhalación de secreciones respiratorias o heces secas de aves infectadas. En cuanto a su sintomatología produce un cuadro febril, en muchos casos, acompañado de una neumonía. En cambio,
C. pneumoniae es un microorganismo difícil de cultivar, provoca infecciones respiratorias altas y bajas, causando una neumonía atípica similar a la desarrollada por
M. pneumoniae; especialmente en niños y adultos jóvenes. Por otra parte,
C. pecorum es aislada solo en mamíferos, originando encefalitis, neumonía, poliartritis, conjuntivitis y abortos en ovejas, cabras, bovinos y cerdos. También puede provocar enfermedades genitourinarias en koalas; aunque se han observado infecciones asintomáticas.
C. trachomatis es la principal causante de ETS de etiología bacteriana en los países desarrollados; se trata de una bacteria Gram negativa inmóvil que existe como parásito intracelular obligado de las células eucariotas.
C. trachomatis puede dividirse en 15 serotipos, según las características antigénicas; los serotipos hallados son: A, B, Ba, C, D, E, F, G, H, I, J, K, L1, L2 y L3. De acuerdo con la clasificación de Wang y Grayston, distintos serotipos de Chlamydia pueden producir diferentes enfermedades; por ejemplo: los serotipos A, B, Ba y C son causantes del tracoma, mientras que los serotipos L1, L2 y L3 originan el linfogranuloma venéreo.
Sus principales manifestaciones clínicas son uretritis, proctitis y conjuntivitis en hombres y mujeres; epididimitis en hombres, y bartolinitis, cervicitis en mujeres. Los síntomas se manifiestan en las primeras semanas de infección, generalmente entre 2 y 6 semanas. A su vez, al ser una enfermedad de transmisión sexual, por lo general asintomática, tiene la capacidad de diseminarse con facilidad entre poblaciones sexualmente activas; en consecuencia, resulta de suma importancia el diagnóstico preciso y precoz.
Para tal fin, existen diversos métodos diagnósticos que varían de acuerdo a su especificidad, sensibilidad y costo: van desde examen directo, cultivo celular, hasta serología y detección de antígenos y ácidos nucleicos. Actualmente, los métodos moleculares son los más recomendados, por su mayor sensibilidad, especificidad y rapidez diagnóstica.
En LACE Laboratorios realizamos la detección cualitativa de ácidos nucleicos de
C. trachomatis (CT) en muestras endocervicales u orina de pacientes; mediante la reacción en cadena de la polimerasa en tiempo real (qPCR), que permiten amplificar regiones específicas del gen ompA y del plásmido críptico de CT, además de un control interno de amplificación.
El tratamiento para infecciones no complicadas del tracto genital inferior consiste en una dosis de azitromicina, o dos dosis diarias de doxiciclina; durante 7 días. Ambos regímenes han mostrado una eficacia superior al 95 % en la cura microbiana de
C. trachomatis, y aunque la pauta con doxiciclina puede ser algo más eficaz, su cumplimiento es menor.
Además de ser fácilmente tratable con antibióticos, la infección por
C. trachomatis es prevenible. Aunque todavía no se ha desarrollado una vacuna eficaz para controlar la incidencia de la infección, resulta necesario intensificar la prevención primaria a través de campañas de información y educación sanitaria sobre prácticas de sexo seguro, como el uso habitual y correcto de preservativos, esenciales para aumentar la conciencia de las ITS entre la población sexualmente activa.